Hermanos de acero

Éramos ruido en un cuarto cerrado,
cables, sudor y sueños sin edad.
Nos señalaron con dedos sagrados,
“satánicos” dijeron, sin querer escuchar.

Moral de vidrio, juicio heredado,
cruces alzadas para no mirar.
Risas tardías, riffs mal afinados,
aprendiendo a vivir… tocando más fuerte que el miedo.

Luces pequeñas, nombres que sonaban,
ciudades coreando nuestra verdad.
Condena escrita antes de la nota,
por no rezar igual, por no encajar.

No éramos reyes, pero sí leyenda,
prohibidos himnos en noches sin altar.
Mientras dictaban lo que era correcto,
el tiempo se rendía al compás.

Fuimos hermanos de acero y canción,
culpables de pensar con el corazón.
Aunque la vida partió el compás,
nuestro eco no se va a apagar.

Llegó el deber, llegaron los días,
relojes juzgando más que la voz.
Caminos distintos, misma herejía,
sobrevivir sin pedir perdón.

Lo que llamaron pecado o error
era fe en ruido, verdad sin control.
Fuimos hermanos de acero y canción,
fuego en la sombra contra la razón.

Hoy recordamos lo que fuimos ayer,
sueños condenados que no van a caer.
Hermanos de acero, sigo aquí,
hablando del ayer, desafiando el “deber”.

Si alguna vez volvemos a tocar,
el juicio sabrá… que no pudo condenar.

Quito – Ecuador desde 1995

email@armagedondmec.gmail